jueves, 4 de octubre de 2018

México, el acoso nuestro de cada día

Gustavo Loza y Karla Souza, en una imagen de 2016.Cero  Grados.-En febrero de este año, la actriz mexicana Karla Souza apareció en el programa de entrevistas de Carmen Aristegui, una de las periodistas más prestigiosas del país. Souza relató cómo años atrás, durante un rodaje, un poderoso director y productor de cine la había violado en su cuarto de hotel. Souza fue la primera de un grupo de mujeres populares, importantes, en salir y denunciar situaciones así en México, todas con Aristegui, todas en la misma semana.


Además de la violación, Souza relató la insistencia del agresor, las represalias de éste cuando ella no le hacía caso, etcétera, una pesadilla. Aunque no dijo el nombre del agresor, no tardó en trascender que se trataba de Gustavo Loza, muy cercano a Televisa, el todopoderoso conglomerado de medios. Al día siguiente de la entrevista, Televisa anunció que rompía "de manera inmediata" con él.

Loza se defendió. Concedió entrevistas, negó los hechos narrados por Souza. Parte del gremio y la opinión pública creyó a la actriz y criticó sin peros a Loza. Algunos se volvieron contra ella: por no decir el nombre del agresor, por haber esperado tantos años en denunciarlo, etcétera. Aunque la gran mayoría se refugió en una postura neutral, incrédula, cómoda: Bueno, habrá que esperar. Loza buscó entrevistas, aceptó todas las llamadas que le hicieron, incluida la de la propia Aristegui, para explicarse. No, yo no violé a Karla, decía, ella y yo tuvimos una relación. La actriz calló.

La neutralidad se impuso y el paso de las semanas hizo el resto. A modo de epitafio de esta historia, Televisa acabó por perdonar a Gustavo Loza, renovando una de las series que el productor y director realizaba para la cadena. No han habido más denuncias del estilo en México.

La académica Estefanía Vela, experta en derechos sexuales y reproductivos, siguió el caso de Souza y a los pocos días publicó un extenso trabajo sobre el acoso sexual en el entorno laboral en México. En su artículo, Vela celebra las denuncias de Souza y las demás, porque, dice, "ilustran lo que sucede habitualmente", no solo en el trabajo, sino también "en las universidades y las calles".

En México hay 120 millones de habitantes. Algo más de la mitad son mujeres, y una tercera parte de esa mitad, 21 millones, son económicamente activas. De acuerdo a datos oficiales recogidos por Vela en su texto, en 2016, a 344.000 mujeres les propusieron tener relaciones sexuales a cambio de una mejora en su puesto de trabajo; 178.000 sufrieron represalias por negarse; a 78.000 trataron de violarlas y 24.000 sufrieron una violación. Estos solo en el contexto laboral, a mujeres mayores de 15 años. Vela concluía: "Es sensato afirmar que la gran mayoría de los casos de violencia sexual no se denuncian y, de los que sí, como quiera no se logra una condena".

La edad, mayores de 15, resulta importante también. Aunque no hay una estadística clara al respecto, en México, un país en el que cada día mueren asesinadas de medía más de siete mujeres, el primer acoso se sufre muy temprano. Antes incluso de empezar a trabajar. Hace casi dos años, miles de mujeres compartieron en twitter sus historias, bajo la etiqueta #Miprimeracoso. Historias, claro, de abuso, de agresión. A partir de aquello, un profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, elaboró un algoritmo para ver a qué edad estaban denunciando las mujeres su primer acoso en la red social. Y descubrió que la mayoría estaban entre 6 y 10 años... ¿Cuánto no se sabe? ¿Cuánto no aparece en los números?


Ante esta situación, la protesta prende a llamaradas, de vez en cuando, por cuestiones puntuales. Por ejemplo, hace poco más un año, cuando Lesvy Berlín apareció ahorcada en el campus de la UNAM y la fiscalía destacó su estilo de vida disoluto, antes de decir que se había suicidado. Luego rectificaron y acusaron a su pareja de asesinarla. Miles de mujeres se manifestaron entonces. Miles se manifiestan cada 8 de marzo, por el día de la mujer. Otras miles salieron hace unos días en varias ciudades del país, pidiendo que se despenalice el aborto. Pero las peticiones de cambio mueren a las puertas del Congreso.

Meses después del caso Souza, Estefanía Vela indica: "El acoso rara vez tiene que ver solo con una persona que acosa. Tiene que ver con un sistema que facilita que ese acoso ocurra. Hasta que no empecemos a ver ese sistema, hasta que no empecemos a entender todos los factores que impactan el que las personas no denuncien, lo que está en juego para ellas, será difícil que lo modifiquemos".


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